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viernes, 4 de mayo de 2018

PICO DE EMOCIÓN


Corría la primera mitad de 1988 y Boca, tras ser dejado en banda por Menotti el año anterior entró en un tobogán de rendimiento que se deglutió a Roberto Saporiti en apenas media docena de fechas, y al mismísimo Toto Lorenzo en un regreso fallido. Boca no paraba de perder -4 victorias, 4 empates, 9 derrotas incluidos los dolorosos 0-6 con Racing, 1-5 con Nievels en el Templo y 2-3 con riBer tras ir ganando 2-0- el Xeneize recibió el receso de mitad de año como agua en el desierto.

Porque con las vacaciones llegó el Pato Pastoriza a renovar el aire. Pastoriza rescató del ostracismo a Richard Tavares, que sin ser ningún fenómeno al menos era 2, cuando era eso lo que faltaba. Armó también un mediocampo combativo y empezó a sacar resultados. Ninguna maravilla, mucho empate, victorias ajustadas. Pero al menos algo más digno: 8 victorias, 7 empates y 4 derrotas. En ese marco además, Pastoriza empezó amechar algunos pibes de inferiores, con la idea de refrescar un poco el plantel y porque además la Reserva prometía. Había una camada de pibes interesantes y el Pato los empezó a mechar en el primer equipo.

Empezó con Ariel Are, un número 9 metedor y aguerrido que debutó en una dura derrota contra Newell’s, pero que al partido siguiente –primero como titular- marcó uno de los dos goles de la victoria ante Gimnasia. De todas maneras, tras ese partido, el pobre Are no volvió a mojar y empezó a perder lugar en el equipo. Así que el Pato miró otra vez hacia la Reserva. Ahí había un pibito de la quinta, de pelo ensortijado que venía de meter tres goles en los últimos dos partidos. Este pibito había entrado desde el banco en los últimos quince minutos de ambos partidos para ganar los dos con sus goles. El Pato lo mandó a buscar y así, con apenas media hora y tres goles en Reserva, al nene le dijeron que concentraba con la Primera para debutar el domingo contra Independiente.

Pastoriza necesitaba un 9 goleador y parecía que lo había encontrado. Lo que no sabía el técnico era que el pibe de los rulos en quinta jugaba de 10, no de 9, y que esos tres goles en media hora habían sido casi una casualidad, una excepción a la regla. Lógicamente que no era él, Walter Pico, quien se iba a cerrar la puerta de su posible debut en Primera por hacer gala de honestidad brutal. Así que de pronto, pasó de almorzar con sus amigos en el Trébol de Haedo, el club de barrio de toda la vida, a compartir mesa con el Loco Gatti, Comas, Graciani, Hrabina…

Llegó el domingo 17 de abril de 1988, y Pico empezó viéndolo desde el banco, con Are como ariete entre Graciani y Comitas. El partido era cerrado, trabado, bastante distinto de lo que solían ser los Boca-Independiente ochentosos, así que a los 70’ Pastoriza le dijo: “Pibe, calentá”. Claro, en aquel entonces no era como ahora, que lo suplentes calientan todos juntos durante media hora y quizá son entran. Nada de eso, cuando te mandaban a calentar sabías que eran 3 o 4 minutos intensos de entrada en calor y que después ibas a adentro. Con la adrenalina al palo, Pico entró a meter piques junto a los palcos, para entrar hecho un avión. Bostero hasta la médula como era, quería entregar lo mejor en ese rato que le tocaba. El tema fue que metió tantos piques y estaba tan desbordado por la emoción, que se ahogó.

Así entró a jugar, con la piel erizada de tanta bosteridad y el aire que se le escapa de los pulmones, aunque él no quisiera. Ni que hablar cuando a los 86’, cuando el partido parecía escaparse hacia un 0-0 anodino, apareció Comitas para de penal clavarla en un ángulo y abrir el partido. La Bombonera explotó en un alarido desaforado. Era lógico. En los ’80 ganarle a Independiente no era cosa de todos los días, más bien lo contrario. Encima se les ganaba sobre el final y con la presencia de Pastoriza –el Bianchi de los rojos- en el banco Xeneize. Daba para la alegría y el gaste. Pregúntenle a Pico si no. Bostero químicamente puro, grito el gol como si fuese suyo. Es más, lo gritó con tanta pasión, tan repleto de emotividad… que se desmayó. Sí, sí, así como lo escuchan: en un desborde bosteridad, a Pico le bajó la presión, se desmayó y tuvieron que reemplazarlo por Musladini.

El partido terminó 2-0, porque a los 88’, Alfredito Graciani metió el segundo con una patriada hermosa. Por suerte Piquito no llegó a verlo, porque no sabemos cómo podría haber terminado (?). Lo concreto es que más allá del susto y ya más calmado, terminaría jugando otros seis partidos en ese torneo y hasta se daría el gusto de marcar su primer gol(azo) en Primera en el 2-0 ante Central de la última fecha, el cual festejaría como era de esperar: grito enloquecido colgado del alambrado.

Pico regresaría a su posición natural de volante ultradinámico con la llegada del Maestro Tabárez y sería clave en aquel equipo que ganó el Clausura ’91. Había ganado la Supercopa y la Master pero además, un detalle que no muchos recuerdan, jugó los dos primeros partidos del Apertura ’92, antes de pasar a Vélez. Regresó en la temporada 94/95 donde participaría significativamente de un partido histórico contra Independiente. Aunque ese será tema de otra columna. En Boca jugó 196 partidos y marcó 26 goles.

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"


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"Boca es Nuestro" Todos los jueves de 18.30 a 20.00 hs por Radio Ired. El equipo está conformado por Vanesa Raschella, Eduardo Eliaschev y Claudio Giardino en la conducción. Los columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club son Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Reverdito en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel Martin, Fernando Burruso, Martín Herrera, Daniel Lubel y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.
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