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viernes, 21 de septiembre de 2018

LA HELADERA LLENA




Corría septiembre de 1988 y Boca venía de tiempos álgidos, tanto en el largo como en el corto plazo. En el primer caso porque durante el primer semestre del año el Xeneize había luchado por recuperarse de los últimos terroríficos seis meses de 1987. Tras la partida sorpresiva de Menotti, la segunda mitad del 87 fue un tembladeral futbolístico para Boca, por eso en enero llegó a la conducción técnica José Omar Pastoriza.  El “Pato” llegaba sin pasado bostero reconocible, pero con un prestigio importante por sus logros en Indesingente (dos campeonatos Nacionales, un Metropolitano, una Libertadores, una Interamericana y una Intercontinental) y su fama de ser un tipo de carácter capaz de llevar un plantel con sabio equilibrio entre rigor y asados.  Pastoriza arrancó bien el ’88, con lo que tenía –que no era mucho- recuperó a algunos jugadores que habían bajado su nivel, ordenó la defensa y logró buenos resultados en el verano: doble victoria frente a riBer, triunfos ante San Lamento y Peñarol, y empate en dos contra Racing jugando con ocho jugadores. Puede no parecer deslumbrante, pero siempre hay que ubicarse en contexto: el anterior resultado de Boca ante Racing había sido un lapidario 0-6, y con riBer bueno… desde el verano de 1984 habían disputado 17 partidos en todo concepto y Boca solo había podido ganar uno, el resto habían sido 8 empates y 8 victorias plumíferas. Esos dos triunfos veraniegos eran un océano en el desierto del ánimo Xeneize. En el torneo la cosa sirvió para acomodarse hasta terminar en el doceavo puesto, todo un logro considerando que Boca terminó la primera rueda bien cerca del fondo dela tabla. Incluso se accedió a la Liguilla Clasificación, un mini torneo que otorgaba un lugar para la Liguilla del año siguiente. Boca llegó a la final, pero perdió con Platense, cerrando una temporada que arrancó catastrófica y terminó olvidable.

Así llegamos a septiembre de 1988, en vísperas de la temporada 88/89, para la que Boca decidió hacer borrón y cuenta nueva y por primera vez desde el terremoto de 1984 decidió armarse con la idea fija de salir campeón local y de la Libertadores.  Para rompió el mercado de pases con la adquisición de jugadores de primerísimo nivel: del América de Cali llegó Carlos Fernando Navarro Montoya, un promisorio arquero que pintaba como suplente de lujo de Gatti; de Francia vino un número 2 de primera línea, pura clase, campeón del Mundo juvenil con Menotti: Juan Ernesto Simón; de Independiente vino nada más y nada menos que Claudio Marangoni, el mejor volante central del fútbol argentino de esa década; para el medio también se produjo el regreso del Chino Tapia de su experiencia europea; y adelante se sumaron el goleador estrella de San Lamento, Walter Perazzo, y la “Porota” Alejandro Barberón, aguerrido wing multicampeón en Independiente.  Boca pintaba para cosas serias y para pelear el torneo mano a mano con riBer, que había decidido armar un equipo galáctico. Para empezar nomás contrató a… ¡Menotti! Sí, sí, tras dejarnos en banda el año anterior y generar el caos que hemos relatado, no solo decide volver, sino que lo hace a la vereda de enfrente. Y para que lo queramos todavía más (?) los tres primeros jugadores que pidió fueron Higuaín, Melgar y Rinaldi, todos players hiperidentificados con Boca. A eso le sumó casi todas las figuras de aquel momento: Comizzo y Bevilaqua (figuras de Talleres),  el Loco Enrique y la Vieja Reinoso (multicampeones en Independiente), Basualdo, Rossi, Zamora y Balbo (recientes campeones con Newell’s), Batista y Borghi (campeón con Argentina y Argentinos), Palma (campeón con Central), José Tiburcio Serrizuela, quien venía de ser figura en Racing de Córdoba, y como para redondear, el regreso de Daniel Alberto Passarella. Básicamente un plantel completo con la idea de formar un Dream Team que le pasase el trapo al resto del fútbol argentino y que así parecer el esfuerzo de Boca como un saldo de liquidación.

A pesar de la descomunal expectativa generada, ambos equipos arrancaron el torneo de manera lamentable. riBer perdió ante el humilde Platense por 2-1, mientras Boca cayó ante el no menos modesto Armenio por 1-0. Esa derrota detonaría además una “bombita” de corto plazo que hoy hubiese sido usado a piaccere por Obé y compañía para desatar una megacrisis en Boca. Es que el gol de Armenio se produjo debido a un error del Loco y Pastoriza optó por colgarlo. Gatti no lo sabía, pero ese 11 de septiembre de 1988 sería el último partido de su fabulosa trayectoria. En este marco, se avecinaba el clásico en la fecha siguiente y su resultado podía ser definitorio para la temporada que comenzaba. De un día para el otro, un partido en la segunda fecha pasaba a ser decisivo. Incluso Pastoriza se jugaba un pleno, ya que acababa de limpiar a uno de los máximos ídolos Xeneizes en la víspera de un clásico en el que pensaba hacer debutar a Navarro Montoya. Si la jugada le salía mal la cosa tenía aroma a autoinmolación. Sumémosle al debe la ausencia de Comitas, lo cual disminuía considerablemente el potencial ofensivo Xeneize. En el haber se contaban que iba a debutar Simón, lo cual debía en los papeles mejorar mucho el rendimiento defensivo, y un cambio posicional respecto al fallido intento de la primera fecha: Maranga volvería a la posición de volante central y el que pararía en el costado derecho del mediocampo sería Carrizo.  
  
Así las cosas, empezó la venta de entradas y –como era habitual en la época en que se podía llevar gente de visitante- Boca copó la Heladera. Porque el Xeneize no solo llevó gente como solía hacerlo  – y ni te cuento en la década del ’80- sino que metió más gente que riBer en su propia cancha. Sí señor, había gente de Boca no solo en la Centenario, no solo en la Belgrano sino hasta en la San Martín baja y alta, e incluso en la Almirante Brown media y baja. El querido Negro Fontanarrosa, quien cubrió el partido especialmente, describía: “El estadio es de riBer, los colores son de riBer, los controles y auxiliares son de riBer, pero todo lo demás parece ser de Boca. Estoy rodeado de boquenses, atrás, a los costados, arriba. Y no son de los más tímidos: gritan, saltan, vociferan. Debe haber gente de riBer, no lo dudo, pero no se dan a conocer, no se identifican”. Ya había habido un antecedente inmediato en el 1-1 del año anterior y aún se debate cuál de ambas fue la primera vez de este histórico hecho. La hueste azul y oro había ido con doble misión: alentar al equipo como siempre, y también a impulsar la venganza contra Menotti.

Y así como llenó afuera, también copó el verde césped. Porque desde el vamos no se amilanó ante los embates del equipito de estrellas plumíferas. Bancó la parada con la firmeza de los debutantes Simón y Navarro Montoya, cuando riBer tomó la iniciativa en el comienzo.  Y con el correr de los minutos se fue haciendo fuerte en el medio, Maranga se hizo amo y señor, prolongándose en la aceleración del Chino Tapia. Boca fue más compacto como equipo y de apoco fue maniatando a riBer y sacando contras cada vez más peligrosas. Hasta que a los 79’, el recién ingresado Pico se fue por la izquierda y tiró el centro al corazón del área, por donde entraba Tapia. El Chino amagó a pegarle de derecha, pero en vez de eso se la llevó para dejar pagando a Higuaín. El traidor alcanzó a recuperarse, impidiéndole rematar, así que Tapia lo arrió hasta el fondo, giró y sacó el centro de zurda para que aparezca la cabeza de Perazzo ganándole en la salida a Comizzo y abriendo el partido. Lo que fue la locura en ese momento… Vuestro servidor se hallaba camuflado con muchos otros bosteros en la Brown media y varios de nosotros emitimos festejos mudos, disimulados, para salvaguardar nuestra salud. Pero nueve minutos después cualquier discreción se fue al demonio cuando, con riBer lanzado masivamente en busca de la igualdad, el Quique Hrabina metió un fantástico pase largo de zurda para el pique incontenible del Alfil Graciani. Alfredito le ganó en velocidad al cierre de Passarella y a la salida de Comizzo, dominó esa pelota que venía de aire con un gran gesto técnico y metió la estocada letal que agarró a Comizzo a mitad de camino. Para qué… la Heladera explotó en un tsunami azul y oro, y no nos importó más nada. Era el primer triunfo en esa cancha inmunda desde 1983 y, después de la fea racha contra las plumas narrada previamente, cerrábamos el año invictos con tres triunfos y un empate ante ellas, que empezaba a poner las cosas en su lugar. Y además echamos a andar la venganza contra Menotti, cuyo ciclo quedaría herido de muerte desde el vamos.

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"




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Boca es Nuestro" Todos los jueves de 18.30 a 20.00 hs por Radio Ired. El equipo está conformado por Claudio Giardino, Fernando Burruso y Eduardo Eliaschev en la conducción. Los columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club son Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores, Mariano Reverdito en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Gabriel Martin, Leo Zallio, Fernando Burruso y Martín Herrera.
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