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viernes, 9 de febrero de 2018

HA NACIDO UN PADRE

El 23 de septiembre de 1990 Boca y riBer se enfrentaron en la Heladera por la sexta fecha del torneo Apertura, el primero de los llamados “cortos”. Aquel Boca de Aimar venía con cuatro triunfos y un empate y pintaba como candidatazo. Pero riBer lo sorprendió y le ganó 2-0, un resultado que le quedó corto al trámite del partido. La derrota disparó una crisis fulminante: primero Aimar patinó feo al borrar al capitán Marangoni –la gente de Boca tomó clara posición a favor de Maranga-, y después con la salida del propio Cai antes de la finalización del torneo debido a los magros resultados cosechados. Todo este lindo quilombo -en apenas dos meses y medio- fue el cierre de una década no precisamente feliz para Boca.  En el plano del ex Superclásico, riBer terminó arriba con 15 triunfos, 19 empates y 12 derrotas y gozó de una racha de 11 partidos –repartidos en el lapso de casi dos años y medio- en los que Boca no pudo ganarle. Pero con la salida de Aimar, llegó a la dirección técnica Oscar Washington Tabárez, un maestro. ¡Qué digo maestro: un padre!

La nueva década superclásica comenzó el 26 de enero en el Mundialista de Mar del Plata, en aquellos tiempos ya lejanos en los que se jugaba la Copa de Oro. riBer presentaba exactamente la misma formación que había bailado a Boca en el 2-0 del Apertura ’90, mientras que el Xeneize formaba casi igual con la excepción de dos cambios: Maranga ya se había retirado y en su lugar aparecía José Luis Villarreal, y en vez de Alfredito Graciani –recuperándose de una lesión- se ubicaba Gabriel Batistuta, aquel que con Aimar había jugado (muy mal) de wing pero al que el  Maestro había puesto de 9. Boca abrió el marcador a los 14’ con un golazo del Chino Tapia, pero cuando cerraba el primer tiempo empató el traidor Higuaín. Sin embargo Boca se mostraba superior, con mucha presión y movilidad de sus jugadores y, cuando faltaban 9’ para el final, apareció nuevamente el Chino para decretar la victoria. Inmejorable arranque de década para Boca y Tabárez. Llegó febrero y otra vez en la Feliz, ambos rivales se enfrentaron por la Copa Ciudad de Mar del Plata. riBer esta vez presentó una formación “alternativa” pero eso a Boca no le importó. Y mucho menos al 9 en el que había confiado el Maestro: Bati empezó a pagar en contado y sonante haciendo los dos goles para un triunfo claro por 2-0.

El tercer capítulo de esta historia fue por los porotos y nada menos que en la fecha de apertura de la Copa Libertadores. El 27 de febrero, en el Templo, ambos equipos se enfrentaron por el Grupo 1, que compartían con Bolívar y Oriente Petrolero. El partido empezó para atrás. Muy para atrás, casi como una recreación de aquel del Apertura ’90, riBer ganaba 2-0 a los 11 minutos ante un Boca desconcertado. Latorre descontó a los ’28 pero tres minutos después Borrelli marcó el tercer tanto emplumado. Por suerte, Astrada decidió reemplazar a su amigo Hernán Díaz en esto de termearla toda y se hizo expulsar a los 32’. Boca no perdonó. En la segunda parte riBer se agazapó para salir de contra. El tema es que se agazapó tanto que no salía de su área. Para eso claro, fue indispensable la actitud de Boca que –como era costumbre en los viejos buenos tiempos- fue a revertir el marcador empujando por todos lados y con todos sus jugadores.  A los 56’ Blas metió palomita y gol para el 2-3 y a los 71’ Marchesini se mandó por izquierda en una patriada que terminó en el 3-3. Pero Boca quería todo. Siguió atacando y a 3 minutos del final, cuando riBer arañaba el punto, Latorre metió una tijera antológica al ángulo de Passet y desató el delirio. 


La revancha se jugó casi un mes después, el 20 de marzo. En la Heladera, riBer salió a buscar un triunfo que necesitaba como el agua para no quedarse afuera de octavos. Pero se encontró con un Boca que lo esperó y supo manejar los nervios rivales. Más aún cuando se puso en ventaja con un gol de Bati, de penal. El gallinero estaba más alborotado que nunca y el Xeneize hizo su negocio: a los 87 Latorre inventó una gran jugada por la izquierda y metió el centro para que Bati la mande a guardar de cabeza. Los dos empates ante los equipos bolivianos en las fechas siguientes clasificarían a Boca a octavos y dejarían a riBer afuera de la Copa.

El último capítulo de esta historia tuvo lugar casi enseguida, el 31 de marzo ambos rivales se enfrentaron en La Bombonera por la sexta fecha del torneo.  Los dos peleaban la punta y riBer vio la chance de cortar el arrollador paso de ese Boca. Habrá pensado que los astros le sonreían cuando a los 18’ Miguel le atajó un penal a Bati. Habrá pensado que era la antesala de un triunfo épico. Habrá pensado que tenía el partido controlado cuando Boca no encontraba resquicios para lastimar. Habrá pensado todas esas boludeces hasta el minuto 73’, cuando apareció Latorre para meter un misil tierra-aire-ángulo desde afuera del área y decretar la quinta victoria consecutiva en  dos meses.

Quinta victoria que daría nacimiento a la década más despareja del historial. Porque si bien la paternidad boquense ya existía, en los ‘90 alcanzó ribetes escandalosos: jugaron 53 partidos en todo concepto, de los que Boca ganó 27, riBer triunfó en 10 y empataron los 16 restantes, con récords varios como los 13 partidos sin triunfos riberplateneses entre enero del 91 y febrero del 93 (9 triunfos y 4 empates), o los nuevos 13 partidos sin derrotas ante las plumas entre julio del 96 y octubre del 99 (8 triunfos y 5 empates) o  los 9 años sin derrotas en la Heladera (5 triunfos 5 empates) de septiembre del ’90 a octubre del ‘99. Y también ¿qué querés? Papá hay uno solo…

Por Alberto "Beto" Moreno para "Boca es Nuestro" 


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