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viernes, 16 de febrero de 2018

DEPREDADOR
La columna del querido Alberto Moreno hoy dedicada al gran goleador uruguayo Manteca Martínez...IMPERDIBLE. 

Alguna vez le preguntó un periodista: “¿Qué cara ponen los defensores cuando te ven con pelota dominada en el área?” Y nuestro homenajeado contestó: “No los miro, sólo pienso en meterla”.

Pensar que al tipo en su Montevideo natal le decían Pásula, que no quiere decir otra cosa que gorrión. El físico esmirriado, las patitas flacas y la porra de pelo bajo la que parecía ocultarse justificaban el apodo. Claro, así de endeble como podía parecer, cuando entraba a la cancha se convertía en un asesino serial del área. Empezó a inflar sus primeras redes en el campito que quedaba a dos cuadras de su casa, y en las canchitas del colegio San Miguel. Entre sus obligaciones escolares y su rol de monaguillo, el botija tenía su pasión muy clara: a él le gustaba jugar a la pelota. Empezó a formarse en las infantiles de Vesubio Centella pero además de talento tuvo suerte, porque su papá entrenaba la cuarta de Defensor y él lo acompañaba para patear al costado de la cancha. No tardó en quedar en las inferiores, y claro-con marcas como sus 49 goles en un año cuando estaba en 5ta división- su debut en Primera llegó más temprano que tarde:  fue en 1986, con 17 años de edad. Era el más gurí del plantel pero su poder goleador hizo que quedase como el 9 del equipo. Y al año de debutar en Primera se consagró campeón con el club violeta, el segundo de los cuatro títulos logrados por el cuadro de Punta Carretas en su historia. En 1990 jugaría por los octavos de final de la Copa Libertadores frente a riBer, con la 9 en la espalda y un futuro ex Boca como compañero: Marcelo Tejera.  En esos partidos empezaría a tomarle el gustito a la cosa y le marcaría un gol de palomita a las plumas. 

Sus 41 goles en Defensor lo llevaron a Peñarol en 1991, donde era mirado de reojo al principio. Claro, alcanzó la victoria frente a Nacional con gol suyo para torcer las simpatías mirasoles.  Allí integró la delantera junto a otro futuro jugador xeneize, Gabriel Cedrés. Aunque no logró títulos, marcó 20 tantos con los que consiguió la atención de un compatriota que dirigía en la Argentina. El Maestro Tabárez lo pidió expresamente para su Boca, donde necesitaba alguien para reemplazar a Alfredito Graciani. Así, en silencio, siendo un desconocido para la mayoría del público xeneize, su arribo a Boca a mediados de 1992 pareció una nueva apuesta del Maestro Tabárez por un compatriota, tras el fallido paso de Palito Morales.  Pero no era el caso, el Maestro sabía muy bien a quién había traído. Debutó el 9 de agosto de 1992 en un 0-0 ante Mandiyú y tras su gol iniciático ante Huracán el 13 de septiembre (en el que ya mostró muchas de sus virtudes goleadoras), no paró más. A puro gol, Sergio Daniel Martínez, el Pásula, empezó a convertirse en el Manteca, un insaciable depredador del área.

Dueño de un olfato descomunal, con una frialdad increíble para enfrentar a los arqueros y con definiciones de manual siempre listas para inflar redes. Siempre con todos los sentidos enfocados, les hizo goles de todos los colores a todos los equipos argentinos. Contra los grandes aparecía seguido: 8 goles a Indesingente (7 oficiales y 1 amistoso), 7 a Rasin (6 oficiales y 1 amistoso), 5 a riBer (4 oficiales y 1 amistoso) y 3 a San Lamento (2 oficiales y 1 amistoso). Vital para romper la racha de 12 años sin títulos locales, logró el celebradísimo Apertura ’92 en el que marcó goles claves como los tantos a riBer, Rasin y Platense. También obtuvo la Copa de Oro en el ’93, edición en la que le convirtió por duplicado al San Pablo (inolvidable gol de oro en tiempo extra en Brasil). No ganó la cantidad de campeonatos que su dimensión de jugador hubiera merecido. Pero se sabe, en un deporte de equipo eso muchas veces tiene que ver con coyunturas que no guardan relación con la calidad de un jugador. Metió 86 goles en 167 partidos –97 en 208 si contamos amistosos-; fue dos veces goleador del fútbol argentino, una en el Apertura ‘93 y otra en el Clausura ’97; y está  11° entre los máximos anotadores de la historia xeneize. Ese promedio hubiera sido todavía mucho mejor si Bilardo –apenas jugó 14 partidos, aunque marcó 6 goles-  y Veira –jugó 16 partidos e hizo 16 goles, inentendible- no lo hubieran relegado en 96/97. Se despidió de la azul y oro el 30 de agosto de 1997, en un 2-2 contra Platense en el que, para variar, marcó un gol. Había sido el máximo artillero del Clausura en el que marcó 15 goles en 15 partidos, pero no fue suficiente para el Bambino y el Manteca terminó emigrando al Deportivo La Coruña a fines de ese año. Se retiró en Nacional de Montevideo en el año 2001 –siendo bicampeón con el Bolso- donde marcó 32 goles. Con la Celeste jugó 34 partidos y metió 14 goles, además de salir campeón de la Copa América 1995, marcando el penal decisivo en la final frente a Brasil. Un goleador fantástico, inolvidable, hecho a la medida de Boca. ¡Feliz cumpleaños Manteca!

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"

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El equipo está conformado por Ana Bonissone en la conducción, Eduardo Eliaschev, Claudio Giardino y Fernando Burruso en el estudio,  y columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club como Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Revertido en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel MartinIvan Ludueña Daniel Lubel, y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.
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