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viernes, 23 de marzo de 2018

UN TOCO DE AMOR FRANCES...
Anoche en Boca es Nuestro en la columna del profe Alberto Moreno, charlamos sobre la trayectoria del querido Beto Marcico. Y como cierre le hicimos una nota al gran jugador de Boca que dejó su marca en su paso por nuestro club. Una nota hecha de hincha a hincha…No te la pierdas!

Nació en Corrientes, pero se crió en Barracas, en Brandsen 1737, a unas cuadras del Templo. En esos potreros Xeneizes donde empezó a forjarse como jugador, habrá soñado con hacer goles con la azul y oro. Habrá acariciado esa fantasía cada vez que se colaba con la 12 para alentar al Xeneize. O por qué no, cuando ni bien terminaban los partidos de Reserva de Ferro -porque una mueca del destino lo depositó allí- salía corriendo para llegar a tiempo a La Bombonera a ver a su amado Boca.

La rompió en Ferro, como delantero potente y terriblemente técnico, un pura clase que había aprendido a poner el cuerpo en esos picados de planchas a la altura del pecho y terrenos con mucho pozo y ningún césped. Debutó en Primera el 6 de agosto de 1980 de la mano de su primer Maestro, el gran Timoteo Griguol. Tenía 20 años y nunca había hecho inferiores. Salió campeón con el Verdolaga, dos veces, una de ellas contra riBer (gol incluido), un gustito especial que se guardó para sí mismo. Y se fue a Francia, al Toulouse, muy pero muy lejos de su sueño. Sueño que debió archivar, resignado, pensando que con 32 años sobre el lomo y después de siete temporadas en un fútbol que en la Argentina no miraba ni su mamá, difícilmente pudiera entrar en la consideración Xeneize.

Pero el amor tiene razones que la razón no entiende. Y así, a principios de 1992, un Boca desesperado por cortar 11 años de sequía local, fue a buscar su clase a Francia. Lo había tentado antes Independiente, pero él no quiso, incluso iba a firmar por cuatro años más, Pero claro: era Boca. Al Beto le brillaron los ojitos y se embaló a lo loco. Hubo idas y venidas, pareció que el pase se caía, que iba a integrar el largo listado de pases pinchados de la historia azul y oro. Pero no. El pase se hizo. Y el 29 de marzo de 1992, contra Platense, con los nervios a flor de piel, Alberto José Márcico, el Beto, debutó en Boca. No importó la tarde gris, ni la amenaza de lluvia, para esa grey Xeneize que fue (fuimos) a recibirlo. Había piel de entrada nomás y así se lo hicimos saber. El Beto se habrá estremecido como si tuviera 15 años con la ovación con la que lo recibimos. Y él nos devolvió gentilezas de inmediato: la primera pelota que tocó fue un taco divino, que  dejó a la larva Saturno mano a mano con el arquero. Fue amor. Instantáneo. A primera vista. Para siempre. Esa tarde, la del debut, Boca ganó 2-0.

De inmediato empezó a desplegar fútbol de galera y bastón, y así pasó a ser el Beto Mágico y Beethoven. Despliegue, potencia, magistral lectura del juego, clarividencia para los pases, guapeza, definiciones exquisitas, viveza, potrero... solo algunas de las virtudes futbolísticas del Beto. Ganó la Master a mediados de 1992, y a fin de ese año se dio el gusto de dar una vuelta local después de 11 años de sequía de la mano de un nuevo Maestro, el uruguayo Tabárez. Fue tan pero tan clave para ese logro que jugó desgarrado ocho partidos con tal de darle una mano al equipo. El Beto tuvo varias de esas, llegando a tener que infiltrarse para los entrenamientos: él quería estar siempre. En ese increíble 1992 le alcanzó un año no solo para sacarse las ganas de jugar en Boca, sino que en el camino se había dado el gusto de convertirse en ídolo.

Llegó 1993 y el Beto la siguió rompiendo, aunque solo se pudo ganar la Copa de Oro. En el '94 tuvo su último gran año, en un equipo dirigido por Menotti que, como solía ocurrir con las formaciones del Flaco, te podía hacer 6 el domingo y comerse 6 entre semana... literalmente. En el '95 el Beto empezó a quedar relegado. Una lesión crónica en el ciático, demasiados corticoides para calmar el dolor, algunos kilos de más y la llegada de Diego le fueron quitando espacio. En 1996, llegaron Macri y Bilardo y le hicieron la cruz. Pero lo llamó Griguol y el Mágico hizo sus últimos trucos en Gimnasia, donde se despidió en 1998. En el Lobo sufrió la rotura del tendón de Aquiles y estuvo casi un año sin jugar, pero volvió para despedirse dentro de una cancha, como correspondía al descomunal jugador que fue.      

Algunos números

El Beto jugó 154 partidos oficiales en Boca, con 15 gol (azo) s, y 3 títulos en su haber. Contra el clásico riBal disputó 18 partidos -entre oficiales y amistosos-, los eliminó de la Supercopa '94, les marcó 4 goles,  ganó 9, empató 5, y perdió 4.   

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"

Y luego de la columna sumamos al aire al querido Beto Marcico

"Esta final no es de ninguna manera comparable con la del 76. Esta final fue mucho más marketinera. El que vivió el 76 sabe que es así".
"Si me das a elegir entre el campeonato o la Supercopa, me quedo con el campeonato. Es mucho más importante"
"Los jugadores tienen que tener mucho cuidado cuando declaran. La sociedad está muy difícil. En las redes sociales el 90% es anónima".
"Salir a la Bombonera y encontrarme con la hinchada de Boca me superó. El sentimiento más grande fue 5 días antes cuando fui a entrenar a La Bombonera"
"Yo estuve toda la vida ligado a Boca. De chiquito mis vacaciones eran ir a la pileta del club".
"Los chicos que juegan en inferiores durante su carrera tienen que ganar su plata, pero también tienen que crecer como persona".
"En Francia si llegás o no llegás a Primera División no es de vida o muerte, pero tienen una profesión secundaria de plan B. Acá es distinto".
"Boca tiene un plantel muy superior a todos los equipos. Los jugadores lo saben y esa confianza a veces les juega en contra".


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El equipo está conformado por Eduardo Eliaschev, Claudio Giardino, Ana Bonissone y Fernando Burruso en el estudio,  y columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club como Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Revertido en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel Martin, Daniel Lubel, y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.
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