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viernes, 30 de marzo de 2018

EL POETA DE LA ZURDA
Podríamos hacer mención a la zurda cósmica del Diego, Marito Zanabria y su exquisita pegada, al Chino Tapia y su chueca hábil, por qué no a algún gol de Comitas con su zurdita pícara, e incluso referirnos al Titán en alguna definición de esas para ponerla en un cuadrito. Por Boca han pasado innumerables zurdos que de una u otra manera han desparramado talento con su pierna más hábil. Pero claro, el talento no es exclusivo de los habilidosos, no hay un solo tipo de talento. Se puede dejar marca con una finta, con un caño, con un pase o colgando una pelota de un ángulo. Y se puede dejar marcados los tapones en la pierna del rival, y hacerlo con talento y sentido de la oportunidad. Es el caso de nuestro homenajeado de hoy.

     Es importante remarcar lo del sentido de la oportunidad, porque dar una patada la da cualquiera. El tema es que la patada esté dada con la suficiente eficacia como para cumplir el objetivo, y además que sea dada no de caliente, no porque la situación te supera, no porque ya no hay alternativa de modificar el resultado, sino para salvar al equipo en una situación crítica y darle una vida más. Sigue siendo el caso del protagonista de esta columna.

    Corría el 26 de marzo del año 2006 y Boca recibía a riBer en el Templo por la onceava fecha del torneo Clausura. El Boca  dirigido por el Coco, que venía de ganar el Apertura, la Recopa y la Sudamericana del año anterior, recibía al puntero riBer y necesitaba una victoria para alcanzarlo. Con eso en mente, salió a buscar el resultado desde el vamos, pero le faltó eficacia. Eficacia que sí tuvo riBer cuando a los 39 del primer tiempo se puso en ventaja con un gran gol del Tecla Farías.

    El Xeneize ni se mosqueó y salió en la segunda mitad a arrinconar al riBer de Passarella, que se defendía con uñas –especialmente, estando Gallardo en cancha- y dientes. Precisamente sería Gallardo el que en un peligrosísimo contrataque riBerplatense quedaría mano a mano con el Pato Abbondanzieri. El 1 corrió a desactivar el peligro casi hasta mitad de cancha y apenas sopló al actual técnico manchado, este hizo gala de su capacidad teatral para terminar con el Pato expulsado. Iban 67’ y la mano estaba complicada. En reemplazo del arquero ingresó Migliore y Boca siguió cascoteándole el rancho a un riBer cada vez más metido en su área a pesar de la superioridad numérica.

     Claro, ese cascoteo hacía que quedase un montón de campo libre para las contras manchadas. Así, a los ’82, un rechazo largo de la defensa plumífera encontró al Rolfi Montenegro corriendo solito y solo hacia el área de Boca. Solo quedaban 8 minutos y la diferencia era de apenas un gol, remontable. Pero si Montenegro marcaba en ese momento, se terminaba todo. Era una situación de vida o muerte, que exigía una decisión rápida y una acción contundente para desactivar el peligro y darle a Boca una chance más de seguir en partido. No había espacio para sutilezas.

    Fue el momento en el que él, el Poeta de la Zurda, que venía corriendo en diagonal desde el lado de los palcos, decidió inmolarse para darle a Boca esa oportunidad. Y así, sin dudar un segundo, Juan Ángel Krupoviesa hizo lo que la circunstancia pedía. Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer: proyectado en velocidad, trazó un movimiento de estética perfecta, un cálculo sublime de distancia y capacidad destructiva, que terminó con su rúbrica en el muslo/rodilla de Montenegro. Fue algo hermoso, digno de un Passucci o un Giunta, un momento de belleza post apocalíptica, un poema punk.

    Consciente de que lo suyo había sido un sacrificio para el equipo, se levantó y se retiró hacia el vestuario sin siquiera mirar el momento en que Pezzotta le ponía la roja. Pero su sacrificio no había sido en vano. Porque apenas 2 minutos antes había ingresado el Melli Barros Schelotto por Bilos. Y sería el mismo Guillermo el que completaría la obra de Krupo, justificando su inmolación. Porque primero, a los 85’ hizo expulsar a Tula, cuando el defensor riBerplatense le metió un codazo (?) en la cara. Así, la diferencia numérica se sentía un poquito menos.

Y a los 88’ la recibió afuera del área, pero se metió en la zona caliente a pura gambetea. Que voy para aquí, que voy para allá, Julio Cáceres quedó tan mareado que terminó dejando la patita demasiado larga y el Melli dijo “a mi juego me llamaron”: penal. Protesta lacrimógena mediante, el Titán se paró ante la pelota a los 44’30”. Era penal y final. El mejor 9 de todos los tiempos no dudó y la cruzó perfecto, inapelable, para que el Templo explote, las plumas derramen cataratas de lágrimas y Boca se pusiese a tiro de un torneo que terminaría ganando poco más de un mes después.   

Números

El tucumano surgido en Estudiantes, jugó 91 partidos en Boca, entre 2005 y 2010, con 5 goles convertidos e igual cantidad de títulos logrados (los cinco de cinco del Coco en 2005-2006). En 2006 sufrió una ruptura de ligamentos que lo tuvo casi un año sin jugar.   

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"


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El equipo está conformado por Eduardo Eliaschev, Claudio Giardino, Ana Bonissone y Fernando Burruso en el estudio,  y columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club como Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Revertido en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel Martin, Daniel Lubel, y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.
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