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HISTORIA: EL JUGADOR NÚMERO 12




Ayer se volvió a celebrar el "Día del hincha de Boca" o 12 del 12. Para aclarar algunos puntos que la prensa gallina trata de menoscabar, les dejamos el texto que el profe Alberto Moreno nos escribió para "Boca es Nuestro" hablando de la génesis del jugador Nº 12 que nada tiene que ver con la barra brava. Una historia que marcó un antes y un después y una diferencia que nos hace únicos.


¿Viste cuando las plumas, esos eternos habitantes de una realidad paralela que leen en Olé, te dicen "Eh Voka, tenés 10 años de historia. Vos existís desde el '98"? Bueno, resulta que no. Resulta que si al fútbol argentino se lo conoce en el mundo es gracias a Boca. Y desde hace 92 años.

Tras la gran actuación de Uruguay en los Juegos Olímpicos de París 1924, la Asociación Argentina de Fútbol se propuso mandar una delegación a Europa para que muestre las bondades de nuestro fútbol. La inviabilidad económica para bancar una gira de ese tipo dejó el lugar vacante. Y Boca, el campeón de 1924 y puntero en 1925 se ofreció para cubrir ese espacio.

La aventura Xeneize se convirtió en causa nacional, al punto que otros equipos de la Asociación prestaron a algunas de sus máximas figuras para completar el plantel. La delegación de Boca era presidida por el vicepresidente Adelio Carboni y el secretario Vicente Decap, y la integraban doce jugadores del plantel Xeneize, más los cinco refuerzos: Tesoriere, Bidoglio, Muttis, Médici, Elli, Busso, Tarasconi, Cerrotti, Pertini, Pozzo, Antraygues, y Garasini eran los héroes boquenses. Y los invitados eran el arquero Octavio Díaz de Rosario Central, el defensor Roberto Cochrane de Tiro Federal, los delanteros Manuel Seoane de El Porvenir y Cesáreo Onzari  de Huracán, y el mediocampista Luis Vaccaro de Argentinos Juniors.

Para dimensionar la magnitud de la empresa y la importancia que tenía para el fútbol argentino, vale mencionar que con la delegación viajó Hugo Marini, el jefe de deportes de Crítica, el diario más vendido de la época. Era la primera vez que un diario argentino enviaba un corresponsal a cubrir una gira de un club nacional. Como era la primera vez que un club argentino se iba de gira por Europa.

En un tiempo en el que en el fútbol no había sponsors ni contratos millonarios -bah, en realidad no había contratos- la preocupación de los jugadores de Boca era de lo más terrenal: se iban cinco meses de gira y tenían que dejar a sus familias y a su laburo. Era demasiado tiempo y había que parar la olla. Pero los tranquilizaron, no solo se iban a jugar al fútbol y conocer Europa, ¡sino que iban a cobrar 10 pesos por día de viático!. Trescientos mangos era lo que cobra un obrero especializado en ese entonces, así que los players quedaron más que satisfechos. Otros tiempos, sin dudas.

La delegación boquense partió la noche del 4 de febrero de 1925 desde el Puerto Nuevo con destino a Montevideo, donde abordaría el transatlántico “Formosa” con destino a Europa. La despidió una multitud, más de diez mil personas, entre las que se contaban alrededor de 300 hinchas y socios de River. Contaba La Nación: “Nunca asistió una concurrencia más numerosa que la de anoche al puerto, a despedir una delegación sportiva. Desde temprano los alrededores de la Dársena Sur se vieron ocupados por una multitud, que fue aumentando paulatinamente y que a la hora de salir el vapor alcanzaba proyecciones realmente extraordinarias”.

Tras 22 días de viaje, en los que los muchachos buscaron mantenerse en forma entrenando en la cubierta del barco, la tropa Xeneize desembarcó en Vigo, el 27 de febrero. El debut fue ante el Celta de esa ciudad, el 6 de marzo, ante un público de 25.000 espectadores. En su primer partido en Europa Boca formó con Tesoriere; Bidoglio y Mutis; Médici, Vaccaro y Elli; Tarasconi, Cerrotti, Garasini, Seoane y Onzari; y ganó 3-1, con dos goles de Cerrotti y uno de Onzari. El partido se interrumpió durante 16 minutos porque la expectativa era tal ,-se anunciaba a Boca como "representante del mejor fútbol del mundo"- que había quedado gente fuera del estadio. Un grupo se subió al techo de una fábrica para ver el partido desde ahí con tan mala suerte que el techo se hundió, causando dos muertos y 26 heridos. La revancha se jugó tres días después, con triunfo del Celta, también por 3-1. De allí Boca viajó a La Coruña, donde enfrentó en partido y revancha al Deportivo. Ganó los dos encuentros, con la peculiaridad de que Tesorieri atajó un penal en el primer encuentro, convirtiéndose así en el primer arquero argentino en contener un penal en Europa.

Boca partió entonces a Madrid para enfrentar al Madrid y al Aleti nada menos. Tras vencer a los Colchoneros, el Xeneize enfrentó al Real. Precisamente el Rey Alfonso XII había anunciado su presencia, pero como se demoraba en llegar, el árbitro dio por comenzado el partido. El rey llegó promediando el primer tiempo y el partido se suspendió unos minutos para que el público saludarse a Su Majestad. Cuando se reanudó el encuentro, nuestro delantero Carmelo Pozzo jugó a ser Palermo pero mucho antes, y marcó el gol del triunfo ante el Real Madrid. Salió derechito hacia el palco donde estaba el rey, y lo saludó con una pomposa reverencia. ¿Joda u homenaje? Nunca quedó claro.

Tras un tercer triunfo en Madrid, ante la Sociedad Gimnástica, la gira española continuó por Bilbao (dos derrotas), Pamplona (venció al Osasuna), y Barcelona, donde derrotó dos veces al Espanyol, y una a un Combinado Catalán.  El Espanyol tenía en sus filas a un mito: el arquero Ricardo Zamora. Para qué, imagínense cuando recién bajaditos del tren en Barcelona, Tarasconi se despachó ante la prensa con el anuncio de que le iba a clavar un gol de 25 metros. Hubo polémica en los diarios y entre el público por el argentino bocón. Pero a Tarasca eso no le importó, apenas lo vio distraído a Zamora, le metió un fierrazo al ángulo desde 25 metros. Y Boca ganó 1-0. Tras un mes de dar cátedra, en España llamaban "malabaristas del fútbol" a los jugadores de Boca.

Era el turno de viajar a Francia, pero los franceses desistieron tras las dos derrotas sufridas en el País Vasco, así que el Xeneize cambió de rumbo y partió hacia Alemania, donde jugaría en Berlín, Munich, Leipzig y Frankfurt. Boca pasó mayo en tierras teutonas, donde nuestros muchachos hicieron brillar los colores, deslumbrado a la afición germana: tras un empate en uno con el Bayern, metieron cuatro triunfos al hilo contra equipos locales, incluido un 7-0 contra el impronunciable Spielvereinigung. El cierre de la gira sería en París, ante un combinado de la Ciudad Luz, al que Boca venció por 4-2, el 7 de junio. Sin embargo, Boca estaría poquito en la capital francesa, donde no se le dio tanta bola. Así que los muchachos aprovecharon para conocer la ciudad y mirar París desde 300 metros de altura, cuando el "Mérico" Tesoriere bancó las entradas y el plantel subió a la Torre Eiffel, que en ese tiempo era la construcción más alto del mundo.

Así, tras 5 meses a pura gloria, el 12 de julio de 1925, Boca arribó a Buenos Aires a bordo del “Marsella”, el mismo barco en el que viajaba Albert Einstein quien se admiró cuando vio la multitud que había ido a recibirlo al puerto. Claro, lo que no sabía el bueno de Einstein es que no habían ido a esperarlo a él, sino al gran Boca vencedor. La multitud levantó en andas a los jugadores y los llevó a pie hasta La Boca, donde la fiesta alcanzó niveles nunca vistos hasta entonces.

En su paso por Europa había jugado 19 partidos -como uno de los típicos torneos cortos- ganando 15, empatando uno y perdiendo tres. Una campaña increíble por la cual el 28 de julio de 1926, la Asociación Argentina de Football declararía a Boca como "Campeón de Honor de 1925". Los diarios y El Gráfico se deshacían en loas a Boca, que con esa gira histórica acaba de producir dos acontecimientos fundamentales, uno para la historia del fútbol argentino, y el otro para la suya propia.

Porque perfectamente la Argentina podría haber sido un país más en el marco del fútbol. Sin embargo, con la gira boquense, se instaló a nivel mundial como una escuela futbolera, dueña de un estilo propio capaz de despertar la admiración del resto del planeta. Y, como Boca hizo las veces de seleccionado nacional, como se convirtió en causa común que dejó inmejorablemente al deporte de nuestro país, esto no hizo sino acrecentar la pasión futbolera en la Argentina.

Lo cual nos lleva al otro punto, el más importante: la trascendencia para el propio Boca. Que fue gigantesca, inconmensurable. Boca pasó de ser un fenómeno barrial, a convertirse en uno nacional. Mientras estaba en Europa, los pibes y no tanto seguían sus hazañas por radio o por los diarios, y así Tesorieri, Bidoglio, Tarasconi o Mutis se convirtieron en héroes más allá de los confines de la República de La Boca.

Después de la gira de 1925, Boca se convirtió de una vez y para siempre en el club más popular del país, en una pasión nacional.

Por el profe Alberto "Beto" Moreno
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