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viernes, 27 de octubre de 2017

Historia: El Justiciero. La historia de la patada de Passucci a Ruggieri con nota a don Roberto incluida


Les dejamos la columna de historia como siempre a cargo del profe Alberto Moreno y hoy con la participación de Roberto Passucci, que es el autor de esta jugada que quedó grabada en nuestra historia. En un programa dedicado a nuestro compañero Claudio Giardino y en memoria de sus papá.

"El Justiciero": Es un acto de justicia si hablamos de Boca, hablar del gran Roberto Aníbal Passucci. Particularmente porque él mismo se encargó de hacer justicia por nosotros. Llegó a Boca en 1981, junto a Maradona, Miguelito Brindisi, Escudero, Trobbiani, Krasouski, Morete, el volante central surgido en Platense sonaba a relleno. De hecho, lo habían traído para ser suplente de Krasouski. Pero muy pronto, a base de polifuncionalidad y toneladas de huevos, Passucci se fue haciendo su lugar. Jugó muchos partidos de aquel Metropolitano en el que ganó su único título en Boca. Y de allí en más, hasta diciembre de 1986, dijo presente tapando huecos al por mayor: de 5, de 6, de 2, de 8, de 4 y hasta de arquero en la revancha de los octavos de final del Nacional 83, cuando en el segundo tiempo del alargue reemplazó a un lesionado Loco Gatti. Eso es bancársela. Como se bancó también el peor momento de la historia de Boca en 1984. Siempre puso la caripela y siempre puso la patita. Pero además, a pesar de que en la mente de muchos solo queda la imagen de un carnicero, jugaba. Y hacía goles: metió 20 en sus 191 partidos en Boca, uno de ellos a riBer en la recordada victoria en el Freezer, en 1983.

Claro que tal vez nada de eso hubiera alcanzado para convertirlo en héroe sino fuera por el episodio que vamos a recordar hoy. El marco fue el riBer - Boca jugado el 27 de octubre de 1985, en el Santuario del Silencio, por la 17° fecha del campeonato 1985/86. El riBer del Bambino Veira llegaba a paso arrasador, en un torneo en el que terminaría saliendo campeón holgadamente; mientras que Boca venía en un campaña más bien flojona. Dirigido por Alfredo Di Stéfano, había tenido un arranque prometedor, invicto en las primeras diez fechas en las que ganó 5 y empató otros 5. Pero tras caer con San Lamento en la onceava fecha, empezó el derrumbe que terminaría con la salida del Di: las derrotas con Argentinos e Independiente, lo hacían llegar al compromiso con riBer en la cuerda floja. Pero claro, había otro condimento para ese partido, algo que lo hacía totalmente distinto, más allá de los antecedentes y del momento futbolístico de uno y otro. Simplemente, era el primer clásico oficial de un tal Oscar Ruggeri con la camiseta manchada.

Es importante recordar para aquellos que no vivieron la época y que quizás ven en él al particular panelista de Fox, a un referente de la Selección, o al ex técnico de San Lorenzo que se comió 7 contra Boca en Boedo, que este señor fue protagonista de una de las más arteras traiciones hacia la divisa azul y oro, motivo por el cual –junto a su amigo Ricardo Gareca- deberían ser considerados personas no gratas en la República de la Boca. Recordemos que el partido en cuestión se jugaba en octubre de 1985. Menos de un año antes, Boca había estado al borde de la desaparición, circunstancia de la que pudo salir gracias al esfuerzo titánico de Don Antonio Alegre y todos aquellos que lo secundaron. Alegre había sumido la presidencia en enero de 1985 y lo primero con que se encontró en su debut al frente de un Boca atado con alambre, fue la huida de sus dos principales figuras, dos jugadores surgidos del club que habían sido adorados por la hinchada, Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca, quienes no solo no pusieron el hombro en el momento más crítico de la historia del club, sino que pidieron un dinero que sabían que no había, y cuando no recibieron ese dinero, decidieron llevar a la huelga a todo el plantel fogoneados por otro personaje nefasto: Guillermo Coppola. Tras cartón hicieron lo imposible para quedar libres e irse. Y no irse a cualquier parte, decidieron irse a riBer. Ni olvido ni perdón.

En consecuencia, aquella húmeda tarde de 1985 las puteadas al máximo traidor bajaban de una Centenario repleta con más potencia que las cataratas del Niágara y del Iguazú juntas.  Gareca, tras solo seis meses, ya se había marchado a Colombia, pero Ruggeri estaba ahí, haciendo gala de su impunidad. Y Passucci hizo lo que todos los hinchas de Boca queríamos hacer: justicia. Ya antes de empezar y cuando los equipos aún se estaban acomodando, pasó por al lado del Ruggeri y lo escupió. Pero lo mejor llegaría sobre el minuto 73 del segundo tiempo, con Boca perdiendo 1-0. En pleno círculo central, el Tano tiró una pared con Staffuzza, que se la devolvió demasiado larga. Fue perfecto, porque el que iba a disputarla era precisamente Ruggeri. Así que, como corresponde, sin pensar en otra cosa que no fuese hacer lo que la situación ameritaba, con un paso de ballet, Roberto ajustició al desagradecido. Fue una plancha hermosa, artística, a la rodilla, lo mínimo que merecía el infame traidor, que quedó revolcándose en el piso. Roberto ni esperó que le mostraran la tarjeta roja, y abandonó el campo de juego exhibiéndole pulgares abajo a la San Martín mientras se besaba la azul y oro. En la semana, explicó lo arbitrario de su expulsión: “No sé por qué se armó tanto revuelo, si al final Ruggeri sacó la piernita para trabar”. Simplemente un grande que también marcó siempre la diferencia con los otros dos innombrables: “Pese a todas las malas que pasamos, le doy siempre las gracias a Dios por haberme quedado en Boca”. Nosotros te damos gracias a vos, Justiciero.




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El equipo está conformado por Ana Bonissone en la conducción, Eduardo Eliaschev, Claudio Giardino y Fernando Burruso en el estudio,  y columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club como Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Revertido en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel MartinIvan Ludueña y Daniel Lubel, y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.
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