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viernes, 3 de agosto de 2018

Vicente Pernía en Boca es Nuestro a 40 años de la 1er Intercontinental: "La gente de Boca te puede perdonar un resultado, pero nunca te puede perdonar que no dejes todo en la cancha"
Ayer en "Boca es Nuestro" tuvimos el placer de hacerle una nota a Vicente Alberto el "Tano" Pernía, una gloria de Boca que entre tantos títulos, ganó la primer intercontinental de la mano de un equipo que dejo huella en nuestra rica historia y nada menos que bajo la conducción del Toto Lorenzo. Les dejamos el audio y el texto de la nota que le hicimos y enganchada la columna del Beto Moreno que nos contó aquella epopeya épica y nos introdujo en un ambiente como si estuviéramos presentes en aquel mágico momento.


"Tuvimos la satisfacción de no fallarle a la gente de Boca. Nos llena de orgullo ser los primeros en haberlo logrado".

"El Toto Lorenzo era muy motivador y sobre todo un ganador nato. Fue un placer trabajar con él".
 
"Estábamos preparados muy bien físicamente. Y éramos un grupo muy unido. Nosotros no creíamos en la posibilidad que otro equipo nos pueda ganar".
 
"Jamás entrené tanto como cuando estuvo Jorge Castelli (preparador físico del Toto Lorenzo) a cargo del plantel. Trabajamos triple turno. Entrenábamos tanto que vomitábamos varias veces".
 
"La gente va con mucha ilusión a la cancha. No solo quiere que el equipo juegue bien, quiere que el equipo corra y lucha, que de el 100%. El gran secreto de ese equipo era que siempre daba el 100%".
 
"Estuvimos más de 15 días concentrado para jugar ese partido. Fuimos con la tranquilidad que habíamos hecho todo para ganar el partido. Sentíamos una paz interior enorme".
 
"Lo que más feliz me puso cuando volvimos a la Argentina fue ver que lo feliz que estaba la gente de Boca. Fue algo increíble. Yo amo y quiero mucho a la gente de Boca".
 
"La gente de Boca te puede perdonar un resultado, pero nunca te puede perdonar que no dejes todo en la cancha".

La columna del Beto Moreno: "Vamo a traer la Copa a la Argentina" 

En 1978, tras bicampeonar en la Argentina en 1976 y lograr su primera Libertadores en 1977, el Xeneize accedía a jugar la ansiada Copa Intercontinental. En realidad la edición correspondía a 1977 pero, como ocurrió con toda la Copa, la cosa no iba a ser sencilla. Primero porque el campeón de Europa, el Liverpool, se empezó a hacer el difícil, argumentando problemas de calendario. El Puma Armando se gastó fortunas en llamados a Inglaterra tratando de coordinar una fecha, pero el Liverpool contestaba siempre lo mismo: “no podemos”.  Y así pasó de largo 1977. Hasta que finalmente el equipo británico se bajó, como lo haría nuevamente en la edición de 1978, privándonos de la chance de lograr otra Intercontinental.

El motivo real de esta deserción ha sido tema de largo debate. A la excusa de los ingleses de falta de fechas en su agenda se sumó la idea de que se debía a razones “éticas”: no querían jugar en la Argentina tras el golpe de Estado de 1976. Pero si bien esa excusa suena respetable y hasta digna de admiración, los propios británicos la ponen en duda. Según la prestigiosa revista inglesa “4-4-2” el temita habría pasado por otro lado: los ingleses habrían desistido de venir a jugar a nuestro país por una cuestión de seguridad. Ya en 1968 los jugadores del Manchester United habían relatado cómo les habían arrojado desde petardos a botellas ante Estudiantes. Antes de eso, en 1965, los del Inter habían sido recibidos con piedras por parte de los hinchas de Independiente. Como si eso fuera poco, el mundo se había enterado de la batalla campal entre los jugadores de Estudiantes y los del Milan en la final de 1969. Y la final del año siguiente ante Feyenoord de Holanda llevó al Ajax a dejar su lugar al subcampeón Panathinaikos en la edición de 1971. El mismo equipo holandés después del maltrato sufrido ante los rojos en Avellaneda (1972), amenazó con no salir a jugar el segundo tiempo…  Argentina era vista como un lugar violento al que no valía demasiado la pena ir, sea por el trofeo que fuese. Así  el Bayern Munich declinó su participación en la final en 1975, ejemplo seguido por Liverpool en 77/78, y por Nottingham Forest en 1979. Abona esta teoría el hecho de que desde que en 1980 se empezó a jugar en Japón, ya ningún equipo europeo volvería a bajarse de una Intercontinental. 

Lo concreto es que, sea por el motivo que sea, arrugaron. Y cuando hablamos de "ir a jugar a la Argentina", es porque en aquel entonces se jugaban dos finales, una de local y otra de visitante. Por supuesto, que la segunda final era en el Viejo Mundo, que para eso somos sudacas. Cuestión que la Copa se disputó entonces contra el Borussia Moenchenglachblad, subcampeón europeo, que contaba entre sus filas con varias figuras del seleccionado teutón como Berti Vogts, Rainer Bonhoff, Uli Stielike and Jupp Heynckes. El primer partido fue el 21 de marzo de 1978, en el Templo y la cosa vino complicadísima. No parecía que iba a ser así cuando a los 15 del primer tiempo, el Heber metió una de sus clásicas diagonales, gambeteó al arquero y la mandó a guardar de zurda. Pero, quizás culpa del modelo de camiseta ideado por Oscar Tubbio y estrenado ese día, a Boca se le puso cuesta arriba. Porque los alemanes lo dieron vuelta a los 24 y los 28, en un blitzkrieg letal. Boca se fue a buscar el empate tirándole el Templo encima, pero los teutones resistían ferozmente. Hasta que a los 51', el Loco Salinas desbordó por la derecha, y el Rusito Ribolzi apareció por el medio, para mandarla a guardar entre una maraña de piernas. La Bombonera se vino abajo y Boca siguió buscando, pero la cosa quedó en tablas. La revancha, prevista para agosto, porque estaba el Mundial en el medio, pintaba jodidísima. Al punto que no hubo transmisión de televisión, total Boca iba a perder. Esa era la idea instalada en la prensa y el público que no fuese Xeneize. Claro, se olvidaban que el que tenía que ir a Alemania era Boca… 

El Toto, un genio del fútbol, planificó hasta el más mínimo detalle. Lorenzo contaba que "nadie creía en nosotros. Así que mandé a un integrante del cuerpo técnico que se hizo pasar por alemán para que espiara durante un mes la pretemporada del Borussia. Y eso me sirvió para sacar conclusiones”. Una de serie de espías de Netflix, pero cuarenta años antes… Después se dedicó a inflarles el ánimo a sus jugadores recordándoles que para su Selección campeona del mundo apenas dos meses antes, Menotti había dejado afuera a todos los jugadores de Boca que venían de ganar torneos locales y Libertadores. Así, tipos que merecían estar como Gatti, Pernía, Mouzo, Suñé, Benítez, Zanabria o el Heber, vieron el Mundial por televisión. Esta final Intercontinental, les remarcó el Toto, era SU Mundial, era su chance de enrostrarle en la cara al Flaco que se había equivocado feo.

Después hizo uso de la información proporcionada por su espía y metió un par de cambios respecto al equipo de la primera final: volvió el Loco (lesionado en la ida) y para sorpresa de todos, sacó a Panchito Sá y a Mouzo y armó una dupla central con Tesare y Bordón, y metió al Colorado Suárez de lateral izquierdo. Sacó al Chino Benítez y lo puso al Loco Salinas de 8, y encima fue a jugar con tres delanteros, ¡a Alemania! Adelante estaba el infaltable Heber, más Felman que había vuelto del Valencia por una cláusula contractual que le permitía jugar la final, y a Saldaño, un nueve tanque pero con manejo. El Toto, zorro viejo, todavía se estaba bajando del avión y ni bien le pusieron un micrófono adelante empezó a tirarle flores a Saldaño. Decía que era el mejor jugador de Boca, la nueva gran promesa del fútbol argentino, que estaba a la altura de Kempes, reciente goleador y figura del Mundial. Los germanos compraron el caramelito y le pusieron doble marca a Saldaño, descuidando los dos aviones que iban por las puntas: el Heber y Felman. Ahí empezó a ganar el partido.

Partido que tenía diseñado en su cerebro ajedrecístico desde hacía meses. Porque los alemanes estaban en plena pretemporada, lentos y duros, y por eso el Toto metió un equipo de livianitos, con Tesare, Bordón, Suárez, el Loco Salinas... Los alemanes tenían defensores de calidad, que se mandaban al ataque, y por eso el Toto les metió tres delanteros, que los dejaron anclados atrás todo el partido. Y les pasó por encima. Los muchachos pensaban que la idea era empatar y buscar un tercer encuentro, a jugarse en París. Pero Lorenzo tenía clarísimo lo que quería: ganar, liquidar el asunto ahí mismo en Alemania. 

Ese glorioso 1° de agosto Boca formó con Gatti; Pernía, Tesare, Bordón, Suárez; Salinas, Suñé, Zanabria; Mastrángelo, Saldaño, Felman. La cancha estaba repleta, pero claro, esos muchachos habían jugado en el Templo, mirá si les iba a mover un pelo un público al que según el Loco Gatti “solo le faltaba el vestido largo a las mujeres y el smoking a los hombres para ser el Colón”. A los 2 minutos, Felman empezó a garpar la apuesta abriendo el marcador tras una corrida meteórica. Los alemanes se fueron desesperados a buscar el empate y hubo diez minutos de furia en los que se sufrió y el Loco mostró por qué era jugador de finales. Pero superado el sofocón, el Chapa hizo gala de sus dotes de pulpo y se cansó de recuperar pelotas para dárselas a Salinas y Zanabria. Y claro… andá a sacárselas a esos dos. 

Así, a los 33 el Heber se tomó toooodo el tiempo del mundo para hacer el segundo, tras desborde y centro atrás de Felman. Y dos minutos después, el Loco Salinas liquidó la faena, cruzándola al segundo palo tras gambetearse tres alemanes en fila. En el segundo tiempo, al decir del Loco Salinas “ya venía hasta Hitler con los tanques alemanes y Gatti andaba para acá, para allá… ¡la rompió Gatti!”, así que el Lorenzo metió al Toti Veglio por Saldaño para que pusiese la pelota bajo la suela y el tiempo se escurriera. Y se acabó la cosa. Sí, sí, con toda la segunda mitad por delante, el asunto estaba liquidado. Boca campeón del mundo.

El recibimiento fue una locura, como no podía ser de otra manera. La gente desafió el frío y la lluvia y esperó al plantel todo a lo largo de la Ricchieri, a pie, en autos y camiones, en una fiesta apoteótica que llegaba hasta La Boca, el Obelisco, el país teñido de azul y oro. Era la fiesta de los bosteros, de los que no habían dudado ni en segundo. ¿Perder de visitantes? ¿Los europeos son más poderosos? ¿Imposible ganar una Copa de visitante en Europa? ¿Boca va en busca de un milagro? ¡Esto es Boca, papá!

Por Alberto Moreno


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"Boca es Nuestro" Todos los jueves de 18.30 a 20.00 hs por Radio Ired. El equipo está conformado por Vanesa Raschella, Eduardo Eliaschev y Claudio Giardino en la conducción. Los columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club son Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Reverdito en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel Martin, Fernando Burruso, Martín Herrera, Daniel Lubel y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.
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