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martes, 9 de septiembre de 2014

EXCELENTE OPINION DE UN HINCHA PARA TERMINAR CON ANTAGONISMOS INUTILES
Excelente columna de opinión de un Hincha expresada en su blog Cabeza de Boca

Para pensar, reflexionar y corregir actitudes


HINCHA DE LOS JUGADORES Y DE BOCA

Yo fui hincha de los jugadores. ¿Quién no lo fue? De hecho, mi viejo me llevó a la cancha por primera vez a los 6 años por todo lo que le rompí sistemáticamente las pelotas para ver de cerca a Gatti. Yo era muy hincha de Gatti. Jugaba en el Parque Lezama y cuando iba al arco, metía vincha y en todos los tiros salía gambeteando.


Todos queríamos ser Gatti. Y le copiábamos hasta los detalles más insignificantes como las medias bajas casi a la altura de la zapatilla.

Después fui hincha de Diego. ¿Cómo no serlo? Ahí se complicaba imitarlo pero tener la Adidas de Boca con un 10 en la espalda era un traje de super héroe. Sucesivamente fui hincha de Mouzo, Perotti, Passucci y Hrabina. Empecé a pegar patadas en el colegio y mi amigo Diego, muy gallina él, hasta impuso que me empiecen a llamar Ruso. Apodo que perdura hasta el día de hoy entre mis ex compañeros de colegio y que es pura y exclusivamente por Hrabina.
Llegó la hora de hacerme hincha de Tapia y Graciani. Mi hermano era más de Comas y entre los dos nos chuzeábamos todo el tiempo sobre quién hacía mas goles. Y nos cagábamos de risa de que jamás le tiraban un centro al pobre de Perazzo.

La desesperación por dar una vuelta olímpica me hizo ver en el Beto Márcico un Mesías. Venía de Europa dejando de lado glamour y plata para sacar a Boca campeón. Encima era tan hincha de Boca como yo. ¿Cómo no ser hincha de Márcico? No había chance.


De aquel equipo del 92 empecé a ser Cabañista y MantecaMartinista. Y de Blas, obvio. Eran ellos los que me iban a devolver la alegría.
La generación dorada del 98 no sólo me devolvió la alegría sino que eran la llave para que Boca viva de alegría en alegría. Entonces no lo dudé. A hinchar por Córdoba, Bermúdez, Chicho, Román, Cagna, Palermo, el Mellizo. Hasta por Barijho hinchaba.Y ya más acá fui hincha de Tévez, el Pato, Ibarra, el Chelo, Palacio y del Flaco Schiavi por supuesto. Fui hincha de todos esos.

Ahora bien, algo que nos unía a todos era que siendo hincha de los jugadores había límites. Respeto. Jamás se me hubiera ocurrido cargar a mi hermano la tarde que Comas tiró un penal a las nubes en el gallinero sobre la hora. Los dos agachamos la cabeza y sufrimos. Porque sabía que Graciani en cualquier momento erraba uno (?) pero principalmente porque estaba Boca antes que Comas y Graciani.

Jamás se me ocurrió esbozar una sonrisa cuando Navarro Montoya se comía de a 6 goles con Palmeiras o San Martín de Tucumán. Y eso que yo era halcón por elección. Los goles que se comía el Mono eran goles que se comía también Márcico, Blas, yo, mi hermano, todos. Goles que se comía Boca.


Hoy veo con mucha tristeza que Riquelme se desgarra y hay hinchas de Boca alegres vaya a saber Dios por qué motivo. O veo que Orión recibe un piedrazo en la cancha de Central y eso es causal de que otro grupo de hinchas festejen. No le encuentro explicación. La misma clase de hinchas de Boca que han llamado “Momia” a Palermo y los que se han reido de la edad de Bianchi.


Me parece perfecto ser hincha de los jugadores. Todos lo hemos sido en mayor o menor medida. Pero el día que perdamos de foco qué es lo verdaderamente importante en toda esta historia, ese día estaremos perdidos. Y lo importante es, como siempre ha sido y será, Boca. ¿O se puede pensar lo contrario?