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jueves, 17 de agosto de 2017

BOCA ES NUESTRO EN RADIO - PROGRAMA DEL 17-08-2017
Les dejamos la 24º entrega del año de Boca es Nuestro Radio, programa que se emite todos los jueves de 18.30 a 20 hs. por Radio IRed. También podés escucharnos descargando nuestra aplicación haciendo click acá.

No te pierdas en este programa:

- Las novedades del fútbol profesional, a cargo de Martìn Hererra.

- Las novedades del fùtbol femenino por Vanessa Raschella.

- Las novedades del polideportivo, por Mariano Reverdito.

- Las novedades del básquet profesional, por Martín Marzolini.

- Las novedades de inferiores, por Jacqueline Vezzossi.

- La columna de historia, por Alberto - el "Beto" mágico - Moreno: "Cantando bajo la lluvia".

Podés escuchar el programa completo, acá:



La columna de historia: "Cantando bajo la lluvia".

Es el 8 de agosto de 1976, y Boca acaba de empatar con Quilmes 1-1 por la última fecha de la rueda final del Metro, tras consagrarse campeón cuatro días antes y el Chapa Suñé encabeza la tercera vuelta olímpica en el Videla en apenas 8 años (y la segunda en una semana).Claro que para llegar a esa hermoso momento, hubo que recorrer un largo y arduo camino. Camino que terminó en cancha de riBer con título boquense, y empezó en diciembre del año previo, con título millonario. Es que, tras 18 maravillosos años, en 1975 riBer cortó la ametralladora de decepciones, y salió campeón. Es más, la leche era tanta que se llevó Metro y Nacional, con el Feo Labruna en el banco, y gente como el Pato Fillol, Mostaza Merlo, y el Beto Alonso, más algunos agentes dobles xeneizes infiltrados, como Daniel Passarella y J.J. López, en cancha. Pues bien, ese equipo millonario y su doblete le pusieron los pelos de punta al Puma Armando quien disfrutaba del jogo bonito que proponía el Boca de Rogelio Domínguez, pero que como buen padre sabía que es prudente y necesario ponerle límites a los hijos. Para resolver este temita fue a buscar a alguien hecho a medida para la ocasión: el Toto Juan Carlos Lorenzo (de pie, por favor).

El Toto, creador de campeones en San Lorenzo y en el Aleti, venía de conducir el equipo sensación de 1975, que no era otro que Unión. No vino solo. Después de escuchar la pretensión de Armando -léase: ganar todo- le dijo que para hacerlo necesitaba gente experimentada. Para eso se trajo de Unión al Loco Gatti, al Heber Mastrángelo, y al Chapa Suñé, indultado por Armando quien en 1972 había dicho que nunca más jugaría en Boca. De Atlanta llegó el Ruso Ribolzi, de Banfield el delantero sensación del momento: Juanchi Taverna, de Independiente vino Pancho Sá, y de San Lorenzo el Toti Carlos Veglio. Todos treintañeros, algunos como Pancho y el Toti considerados en la curva descendiente de su carrera, cuando no acabados. Todos términos que se esfuman instantáneamente cuando te calzás la azul y oro, motivación única en la galaxia. El Toto se los llevó a Necochea y los mató con el Profe Castelli. Les metió pizarrón a lo loco, los motivó como solo él sabía hacerlo, y también les lavó la cabeza a los que ya estaban como el Chino Benítez, Mouzo, Tarantini, el Tano Pernía, Felman y García Cambón. Con el que nunca pudo hacer buenas migas fue con Patota Potente, un exquisito al que los conceptos pragmáticos del Toto no le cerraban por ningún lado. A Lorenzo no le tembló el pulso y lo marginó del plantel, en una movida de alto riesgo considerando la idolatría de Patota. Pero el técnico tenía el aval del Puma, y el que mandaba en Boca en esa época era Armando, sin discusión posible.

El Metro '76 era una de los tantos experimentos de la AFA. Nada de dos ruedas, todos contra todos, partido y revancha. Para que la vamos a hacer fácil si la podemos hacer difícil: eran dos zonas de 11 equipos, jugando dos ruedas, en las que los seis primeros clasificaban para una tercera rueda en la que jugaban todos contra todos en canchas neutrales. Los que no habían clasificado, jugaban entre ellos para no irse a la B. Un quilombo. Cuestión que el Boca del Toto no arrancó muy auspiciosamente que digamos. La primera rueda no estuvo tan mal: tras el debut con triunfo ante All Boys y un empate con riBer de visitante, cayó con Huracán de visitante, pero de allí en más no perdió más, metiendo terrible media inglesa con cuatro triunfos de local y cuatro empates de visitante. El asunto fue la segunda rueda, donde la irregularidad fue importante. Apenas cuatro triunfos, dos empates, y cinco derrotas. Para colmo algunas de ellas hicieron tambalear los cimientos del proyecto: con riBer en La Bombonera -que casi le cuesta el puesto al Toto-, otra por goleada ante Central, y un lamentable 1-3 con San Telmo en su debut absoluto en Primera... El equipo era irregular, metía pocos goles -apenas 30 en 22 partidos- y encima el Loco se había roto la mandíbula en cuatro frente a Independiente y su reemplazante (Biasutto) era más bien discretito.

Boca clasificó cuarto para la ronda de ganadores y las críticas llovían sobre el conductor xeneize, pero al Toto le resbalaban. Porque, fiel a su estilo, Lorenzo no se preocupó demasiado por los brillos durante las ruedas clasificatorias, sino por ir probando variantes y encontrar el equipo. Lo importante era eso. Y clasificar. La rueda de ganadores dejó claro que, como siempre, Lorenzo tenía razón. El equipo que arrasaría en la rueda definitoria formaba habitualmente con Gatti; Pernía, Sa, Mouzo, Tarantini; Benítez, Suñé, Ribolzi; Mastrangelo, Veglio y Felman. Una defensa inexpugnable, un mediocampo que mordía y jugaba, el talento del Toti, las diagonales del Heber y los desbordes de Felman, depositaron a Boca en la punta desde el vamos, disputando el torneo palmo a palmo con el lujoso Huracán de Houseman, Brindisi y Ardiles. Era casi un duelo de estilos entre el fútbol vistoso del Globo de Menotti, y el fútbol pragmático del Boca de Lorenzo.

Duelo que tendría su encuentro decisivo el 1 de agosto, cuando ambos rivales se enfrentaron en el Freezer por la antepenúltima fecha. Boca le llevaba un punto a un Huracán al que todos daban como el candidato natural ya que había arrasado en la etapa clasificatoria. Así que quien ganase allanaría el camino al título. Había llovido a lo bestia –de hecho, llovería toda esa semana- y el campo de juego era un lodazal, lo que favorecía a nuestra estirpe bostera. Boca luchaba y Huracán no podía tocar. Y la cosa se volvió delirio cuando a los 20', el Chino Benítez, ese del andar pachorriento y cerebral, le pegó con toda la clase que tenía desde 35 metros, por encima de un Baley adelantado, para clavarla en el ángulo. Un gol de otro planeta para poner el 1-0. Y ese resultado para un equipo del Toto era clin-caja. Ni te cuento con la cancha embarrada. Con el Globo fuera de circulación, Boca venció a Unión 2-0 tres días después, nuevamente en el Videla, donde metimos 60.000 personas en un día laborable. Otra vez llovía a lo loco. El partido estuvo a punto de suspenderse por el diluvio, pero la presión del pueblo xeneize pudo más. “Y llueve, y llueve, y Boca no se mueve” dejó en claro la grey bostera. Alcanzaba con un punto para dar la vuelta y hacían seis años que no se festejaba, mirá si una lluviecita nos iba a arruinar la fiesta. Boca cantó bajó la lluvia y el "dale campeón" atronó en Núñez, en La Boca y en cada rincón del universo. Y así se llegó al 8 de agosto con el que empezó este relato, contra Quilmes, donde tras un empate 1-1 en lo que quedaba de cancha, Boca se dio el gustito de reeditar la vuelta en campo enemigo, apenas cuatro días después de la primera.

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El equipo está conformado por Ana Bonissone en la conducción, Eduardo Eliaschev, Claudio Giardino y Fernando Burruso en el estudio,  y columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club como Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores fútbol masculino, Mariano Revertido en el polideportivo, y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Ivan Ludueña y Daniel Lubel, y Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.