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miércoles, 12 de diciembre de 2018

AGUANTE BOCA - LA VOZ DEL HINCHA


Me duele... y no me duele solamente por la ilusión que yo tenía. Me duele por mil razones que sigo encontrando al mirar hacia los costados. Por Nahitan, por ejemplo. Me duele haber visto esas lágrimas de impotencia en su cara, como diciendo: "La puta madre, boludo... lo di todo y no alcanzó. Aposté mi vida entera por esto, me jugué mi integridad física y no sirvió de nada". 

Me duelen las lágrimas del Pipa, después del golazo que metió y de ese festejo que se me grabó para toda la eternidad en lo más profundo del corazón. Me duelen las lágrimas de Julio, que estaba hecho pija físicamente y ya no aguantaba más, pero seguía corriendo como una fiera... me duele que Wanchope no pudo hacer nada. Me duele haber bancado a Pablo Pérez el día de la emboscada al micro por los huevos que tuvo de no arrugar si lo obligaban a jugar, y que ayer haya estado invisible de nuevo, como en cada partido importante, y encima haciendo quilombo todo el tiempo sin aportar nada futbolísticamente. 

Me duele el fracaso de Guillermo y el cuerpo técnico porque solamente nos afecta a nosotros, los hinchas, que nos merecíamos ésta copa más que nadie... por todos los lugares que copamos, por la gente que seguro se quedó sin un mango para viajar re ilusionada a Madrid incluso después del dolor de lo que pasó en Núñez y después de haber visto cómo nuestro presidente, el mismo de siempre, nos vendió y dejó que hicieran con nosotros lo que quisieran desde la CONMEBOL y también desde River, como siempre... 

Me duele por todos esos hinchas que viajaron aún así a hacer ese bello quilombo que hicieron por las calles, enamorando a los españoles con nuestra locura. Me duele porque después del planteamiento horrendo que hizo Guillermo para un partido como éste, después de dejar afuera del banco a Cardona, de meter a Tévez a destiempo, de poner a Wanchope sabiendo que no estaba al 100, de poner a Gago y dejar que se fuera solo después de lesionarse, como si nada, pasándose por el orto los colores, la historia y sobre todo la situación en la que estábamos... después de sacar al Pipa muy pronto, de dejar a Pablo Pérez en cancha demasiado tiempo, de meter a Jara... después de que Andrada dejara el arco solo dos o tres veces y él no le dijera nada... después de haber quedado con 9 en cancha y de que Nahitan tuviera un calambre de la puta madre y un riesgo de tener una lesión terrible, el médico lo llevara al borde e incluso pidiera el cambio y aún así el uruguayo se resistiera a salir del campo y siguiera corriendo como loco y metiendo como si se acabara su vida después de ese partido... Después de todo eso, el mismo que se mandó todas esas cagadas y permitió todas esas burlas hacia nuestra camiseta, fue a abrazarse con esos dos, con D'Onofrio y con Gallardo: los dos que nos cagaron lo máximo posible, que nos pisaron la cabeza, que buscaron hasta el más mínimo beneficio por parte de la CONMEBOL a costa de perder la moralidad, la poca que les quedaba después de cómo actuó River en el episodio de 2015, e incluso después de la violencia verbal que propició D'Onofrio. Los abrazó, como si la derrota histórica que nos aplastó no le importara... después de todo el chantaje y las mentiras de ellos, y la prepotencia y la soberbia con la que nos hablaban públicamente, después de haber intentado cagarnos de mil formas... después de todo eso fue y los abrazó y les sonrió a los dos, ¿entendés? se cagó en todo lo que pasó, en nuestro dolor por haber confiado en él, en el dolor de los jugadores por haber dejado el alma en esa cancha siguiendo sus órdenes, en los miles de hinchas que tenían que volver a casa sin un mango, sin más satisfacción que la de haber visto el esfuerzo de los jugadores en la cancha, y también sin la copa. No le importó nada. Teniendo una estatua en nuestro club, habiendo sentido nuestro apoyo incondicional aunque muchos, como yo, nunca quisimos que viniera... le chupó tremendamente un huevo todo. Se cagó en nosotros, en sus jugadores, en nuestro escudo, en nuestra institución... en todo. Y no sólo en el momento del abrazo. Se cagó en nosotros desde el día de la apedreada al micro porque ese día no tuvo los huevos de plantarse y discutir, o al menos salir a defendernos con un micrófono. No hizo nada esa vez, no se quejó cuando decidieron que nos iban a obligar a jugar igual, aunque el evento de 2015 hubiera quedado infinitas veces en inferioridad a comparación de lo que hicieron ellos esa vez. Ahora que se había llegado a un "acuerdo justo" de que se jugara la final afuera, llega y plantea un equipo penoso como ese, y hace cambios como si tuviera la intención de perder de una vez, y al final termina abrazándose con "el enemigo" como si nada, mientras jugadores como Nández, el Pipa y Julio lloraban desconsolados con las piernas destrozadas. No sabés lo traicionada y ultrajada que me sentí y me siento cada vez que lo pienso. 

Imaginate... sé que si sos hincha de Boca te pasó lo mismo: después del partido y de todo lo que pasó, yo tuve que seguir con mi vida como si no hubiera pasado nada. Y tengo que seguir ahora también aunque sigo destruida. Decime, ¿cómo se hace? ¿Cómo hacés para mirar para otro lado y seguir tu rutina como si no te afectara? Siempre voy a decir que esto es lo malo de llevar el fútbol tan adentro: que cuando pasan este tipo de cosas, quedás afectado emocionalmente. Te tiene que ver terriblemente mal tu vieja, como me vio a mí la mía cuando hicieron el tercer gol y después dijeron: "¡River campeón de la Copa Libertadores!". Me tuvo que ver llorar mi vieja, ¿entendés? Ella, a quien siempre privo de verme en mis malos momentos para no afectarla. Ella, que aunque no me entiende en un montón de aspectos, se sentó a mirar el partido conmigo apoyando a Boca, como viene haciendo desde hace bastante, a pesar de supuestamente ser de River. ¿Cómo se hace para seguir como si nada después de algo así? ¿Cómo hago para creer que el club tiene arreglo, que quedan esperanzas, que vendrán tiempos mejores? ¿Cómo hago para confiar en que ya se disiparon por completo las "dudas", por llamarles así, que tenían los que votaron a Angelici la segunda vez y que quedó muy claro que él es nuestro cáncer? 

¿Cómo hago para no pensar en la época en la que llegó Guillermo y lograr que no me duela saber que no me equivoqué en que él no era el indicado para nosotros? 

¿Cómo hago para quedarme en el límite de la empatía con Gago por sus lesiones y no cuestionarle que se haya ido de la cancha de esa forma, en un partido tan importante como era éste?, porque no puedo evitar acordarme de la Sudamericana de 2014, después de la cama que le hizo a Bianchi con sus compañeros, cuando se lesionó y se quedó en una sola pierna el resto del partido sin poder ayudar en nada al equipo... pero se quedó, al menos por capricho. Y esa vez no estábamos con 10 en cancha. Y esa vez no había circunstancias tan delicadas como las de ésta final de copa. No sé qué es lo que cambió en él, pero la impotencia que siento rompe toda la empatía que puedo llegar a sentir por lo que le pasó. 

Y ahora no sé... ¿cómo hago para estudiar ahora, que estamos en el tramo final de clases, con toda esta mierda en la cabeza? Porque yo no puedo ir hoy y decirle al profesor que no fui capaz de terminar lo que tenía que hacer para su materia porque estaba mal por la final que perdió Boca. No puedo no seguir con mi vida porque perdimos la final, pero ¿cómo hago? ¿Tengo que adoptar el pensamiento de los de afuera, de esos que no sienten el fútbol ni en pedo y te dicen "es un juego, ya está"? No puedo, hermano. Perdón, pero no puedo. Lo pienso un poco y me derrumbo... ¿Cómo te explico?, a la mañana siguiente del partido me levanté y estuve andando por la casa rota en llanto, no pude avanzar una mierda en lo que tenía que hacer, no podía dejar de pensar. Me desperté con ganas de que fuera una mentira, de que alguien me dijera que solamente había sido un mal sueño. No sé cómo mierda explicar que hace mucho tiempo no me sentía así, con un vacío tan grande; con la sensación de tener el pecho, literalmente, agrietado justo al medio. Hace mucho no me sentía tan destruida, tan por el piso... con éstas ganas de tirar todo a la mierda y no volver a hacer nada más que estar tirada en cama todo el día, por varios días... Creo que solamente me sentí así en el retiro de Román y el despido de Carlos, pero no hubo dolor tan grande después de eso. Y esas dos veces tampoco sabía qué hacer con mi vida. El fútbol me había pateado en el piso esas dos veces y algunas más, pero siento que esto es distinto, aunque el dolor sea igual de intenso. Ésta es la primera final que la vida me estaba regalando, quiero decir, la primera final grande contra ellos, la primera vez que posta sentía que iba a festejar como si no hubiera un mañana, que iba a sentir una euforia que no entraría en mi cuerpo, que iba a terminar el año con la felicidad de sentir que algo, al menos algo exterior, funcionó bien en mi vida este 2018. Te juro que me veía festejando por todos lados, es la única vez que sentí que la ilusión no iba a ser en vano, la única vez que sentí que iba a ir a la casa de mi viejo a abrazarme con él y a que festejemos por la ciudad en su auto con la bandera puesta en la ventana, y yo enseñándole las canciones que todavía no se sabe. Sentía que al fin, a pesar de que si ganábamos el triunfo iba a pertenecerle a la gestión de Angelici, iba a dejar de lado por lo menos una noche todo el dolor que me causó ese tipo con todas las cosas que hizo. 

Esto iba ser distinto... distinto a ganar cualquier torneo y cualquier copa también, por todo lo que habíamos pasado para llegar a esas instancias... porque después de la apedreada, de las actitudes tremendamente soberbias y tóxicas de su presidente y la cobardía del nuestro, ganar un partido que jamás se debió jugar por todo eso, iba a ser una hazaña colosal. Todas las circunstancias en las que nos encontrábamos hacían que una victoria así se coronara como una de las más importantes si no la que más. Y la teníamos... era nuestra, boludo... nos la quitaron. Nos la quitaron. Nos quitaron la esperanza, la dicha de poder tener algo que celebrar en año nuevo. 

Y sí... entiendo y por supuesto que no me quejo de que festejen como están festejando. No es bronca ni "envidia" lo que me hace mostrarles cara de orto, te lo juro... es una forma de camuflar mi tristeza, una forma de evitar mi llanto... es la forma más eficiente, ponele, que encontró mi cabeza de enfrentar todo esto porque aunque me sienta tan desplomada por el suelo no me queda otra que seguir con mi vida. Y porque, por sobre todas las cosas, yo no soy capaz de separar lo que pasa en el fútbol de mi vida personal. Dentro mío está todo entremezclado: mi vida personal y todo lo que le pasa a Boca. 

Y no sé... la incertidumbre que queda después de esto me da miedo, porque decime, ¿cómo hacemos ahora para levantarnos de algo así? ¿Cómo hacemos para arreglar algo que lleva años siendo un completo desastre como esa dirigencia, por ejemplo? Y me da bronca tener que decir esto, pero querer buscar solución rápida a toda esta mierda no es posible. Cualquier "solución" rápida que surja no va a perdurar. Es como lesionarse, ignorar el problema y querer curar la lesión dos años después. Eso es lo que hizo el hincha (sobre todo el socio) con Angelici. ¿Qué mierda se supone que hay que hacer después de una derrota así? Contámelo vos, que quizás viviste la final contra el Bayern, yo tenía uno o dos añitos y estaba aprendiendo a caminar. 

No sé qué es lo que hay que hacer, viejo. No sé cómo proceder. A lo único que atiné es a borrarme de todos lados lo máximo posible. Ya pasaron dos días y sigo entrando solamente a Twitter por ratos, a leer opiniones... como si reflexionar entre nosotros sirviera de algo o fuera a cambiar algo, pero no puedo evitarlo. Es como si sintiera la necesidad de ver que alguien me entiende en algo. El resto del tiempo te juro que me esfuerzo en no leer, ni ver, ni escuchar nada respecto a todo esto porque sé que me destruye... no prendo la tele, miro cualquier boludez en YouTube totalmente aparte al tema o trato de concentrarme en lo que tengo que hacer para no entrar a ninguna de las redes porque sé que voy a cruzarme con alguno que hable de todo esto y termine empeorando mi situación emocional actual. Estos días estuve entrando a WhatsApp solamente para responderle a unos compañeros hablando de tareas del colegio, y me borraba por el resto del día otra vez. Sigo sin ser capaz de contestar los chats del domingo. Llevo, desde que terminó el partido, sin contestarle ni un mensaje a mucha gente. Y me chupa un huevo, sigo sin querer hablar con nadie, sin ganas de ver a nadie, sin ganas de hacer nada, sin motivación para nada... y no quiero hablar de remontar y pararnos de esta caída porque yo todavía no he sido capaz de dejar atrás nada ni de perdonar nada. A duras penas conseguí, en dos largos días, dejar de llorar cada puta vez que pienso en esto. Después se verá... ahora no sé... no sé nada. No quiero seguir pensando. Lo único que quiero es que admitamos que hemos tocado fondo, que hemos permitido demasiados fracasos durante muchos años. Es hora de cambiar desde la base, pero yo todavía no sé cómo ni cuál es el ingrediente ideal para empezar nuestra recuperación como club. Por ahora creo que lo que alcanza, hasta que pase el tiempo y nos vayamos sanando, es abrazarnos entre nosotros y decirnos que todo puede volver a estar bien, pero sin dejar de reconocer nuestra vulnerabilidad. Porque sí, hermano, estamos por el piso. Muy por el piso. Ya veremos cómo evoluciona esto, por el momento solamente reconozcamos el dolor de lo bajo que hemos caído. 

Tengo muchas cosas más para decir, pero no encuentro la manera todavía... el dolor que siento todavía no me lo permite. Eso es todo, al menos por ésta vez. 

Aguante Boca, por encima de todo.

Por Ornella Barrios  ( @10rneeJR )